España está viviendo unos días convulsos. Hace un tiempo que a los españolitos que vinimos al mundo, nos guarde Dios, una de las dos Españas nos está helando el corazón.
Don Antonio Machado lo escribió con otro sentido que el que se usa habitualmente. Entre otras razones porque ya estaba publicado en 1912, cuando se editó "Campos de Castilla". Así que no podía referirse a rojos o azules o a la guerra civil, porque además, y extrañamente, en aquellos años España estaba viviendo una etapa relativamente tranquila.
Sea lo que fuere a lo que se refería don Antonio, el hecho es que esos versos se usan para subrayar el carácter dual y cainita del pueblo español. No sabemos convivir si no es a base de palos. No sabemos dialogar, ni queremos. Cada uno nos creemos en posesión de la verdad absoluta. No respetamos la forma de pensar y opinar del de enfrente. Creemos que en la actuación del de enfrente siempre hay una postura revanchista contra nosotros. Y que lo que hace el de enfrente lo hace sólo por y para jodernos la vida.
Y a las pruebas me remito. El otro día, al hilo de la situación política que vivimos, conversaba con un amigo muy querido que, sin embargo, tiene un pensamiento político completamente diferente al mío, es decir, es un "rojazo" de tomo y lomo. "Jamás permitiremos que el PP gobierne" dijo. "Ese político del PSOE es un hijoputa con balcones a la calle" le dije yo... Lo normal que se dice en una conversación de esa naturaleza entre dos personas de distinta ideología, y eso que somos de los moderados. No nos vamos a poner de acuerdo.
Y lo malo no es que no podamos nosotros, que encima somos amigos y no vamos a perder la amistad por una discusión propia de una taberna. Lo verdaderamente preocupante es que los líderes y próceres, que se supone han de ser nuestro representantes electos, son los que ni se van a poner de acuerdo ni quieren ponerse de acuerdo para garantizar la estabilidad política que nuestra Patria necesita con objeto de mantener mínimamente la estabilidad económica y social anhelada por todos. Bueno, por casi todos, porque los que han llegado nuevos no desean ni la estabilidad política, ni la económica y mucho menos la social.
Los que han llegado ahora, los que usan el color del Nazareno al que tanto desprecian, odian y profanan, han aprovechado la crisis para reactivar de nuevo el virus del odio y el revanchismo, el mismo virus que Zapatero, ese "gran estadista", sacó del tubo de ensayo con su ley de desmemoria histérica. Están haciendo real el proyecto fin de carrera que habían presentado para licenciarse en políticas por la Complutense: una dictadura filocomunista y populista a imagen y semejanza de los Estados fallidos de América Latina que tanto admiran, a los que sus líderes han llevado a la pobreza.
Han estado agazapados y emboscados aprovechándose de la buena fe de la "gente" a la que dicen representar y defender, a la que, cuando menos se lo espere, le recortará sus derechos y libertades fundamentales (expresión, reunión, propiedad privada, educación, sanidad...). Porque ahora mismo no lo dicen, pero hasta hace unos meses no han parado de avisarlo. Van a acabar con la enseñanza concertada, con la sanidad privada, con el concordato Iglesia-Estado, con las expresiones públicas de fe... Lo han dicho claro, van a acabar con el Estado del bienestar y con la Constitución que nos dimos todos en el año 1978, cuando por una vez y, por desgracia, sin que sirviera de precedente, todos los españoles fuimos a una por el interés de España y el de todos los españoles, hasta el de los que hoy se quieren ir de España.
Su discurso ha sido básicamente que el PP odia a la "gente" y que la manipula y utiliza en beneficio del capital, y que el PSOE es tres cuartos de lo mismo y que todo lo que han hecho ha sido para joder al obrero. ¡Coño, que sin capital no hay trabajo, y sin trabajo no hay obrero! Y aún así, han engañado a 5 millones de españoles. Quizá no a los 5 millones, pero sí a muchísimos que los votaron por castigar al PSOE.
Y mucha responsabilidad de lo que ocurre y ocurra la tiene, en mi opinión, el votante moderado, de centro, de derechas o de izquierdas, que ha votado con los hígadillos en vez de con los sesos. Y que ha antepuesto su mal entendido interés personal al de España y, por ende, de todos. ¡Que si España se hunde, nos hundimos con ella, carajo!
No sabemos convivir. No sabemos escuchar. No sabemos dialogar. Sólo estamos conformes si se hace lo que queremos y cuando queremos.
Veremos lo que nos depara el destino. Dios nos coja confesados.
Españolito, que vienes
al mundo, te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón