Esto ocurrión hace más de cinco años. Pero tengo un recuerdo vívido, como si hubiera sido ahora mismo.
"Sevilla, a 6 de noviembre de 2010
Faltan cinco minutos para que S.S. Benedicto XVI descienda del avión en el aeropuerto de Santiago de Compostela cuando me dispongo a recomponer las notas de viaje que comencé a escribir este verano y que extravié totalmente hace unos días.
Comenzaron las crónicas desde la Bodega del Riojano en Santander, un local aquel con aspecto de sidrería del norte, con mesas largas de seis a ocho comensales, pero con un detalle particular, las barricas que ocupan las andanas del establecimiento tiene decorados sus fondos con pinturas de artistas contemporáneos. Detalles de agradecer, y de calidad, son la mantelería y la vajilla, así como los cojines de los asientos corridos.
Un local grande, enorme diría. Condicionado por la parrilla, que los comensales observan como una pantalla de "cinemascope", en la que se proyectan los anhelos más cercanos y se tornan vívidos los vicios más mundanos, hincarle el diente a una excelente carne roja.
Pero no sólo de carne roja vive el montañés. Así, antes del chuletón correspondiente, acostado mansamente junto a un risco de deliciosas patatas fritas de tamaño "king size", que parecía uno de los picos de europa, y con su piquillo a la brasa, dimos buena cuenta de un extraordinario potaje de judías pintas que eran manteca en la boca.
¡Qué decir de los calamares, o chipirones, en su tinta! Soberbios. Es uno de mis platillos favoritos y estos fueron de los de más grato recuerdo de todos los que he comido en mi vida.
Lástima que quede a mil kilómetros del Sur, que también existe. Si Dios quiere, y nos da salud, repetiremos."
http://www.bodegadelriojano.es/

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